off-topic: Un relato CELOS DE UN SALVADOR El hombre despertó esa mañana, miró alrededor del dormitorio y sonrió. Hacían ya meses que no amanecía con buen humor. Al ver que su compañera de cama dormía plácidamente después de una noche de gran actividad amatoria, se sintió pleno, satisfecho e internamente envidiado por sus amigos, conocidos y hasta por miles de tipos por tener a la mejor especialista en sexo viviendo con él desde dos noches atrás. La emoción del primer despertar junto a ella no lo había dejado saborear el instante de triunfo, como lo sentía ahora. La chica hasta hace dos días era la prostituta más deseada del pueblo y había tanta diferencia entre ella y sus colegas de trabajo que ésta se podía dar el lujo de exigir a sus ocasionales clientes el doble que las otras, y aún así siempre fue preferencialmente requerida por la población masculina. Él, se había convertido en una especie de salvador de la mujer, quitándola del circuito público a cambio de casa, comida y riquezas, porque ella, más allá de su intimidad con cientos de pueblerinos, era una buena y valiosa persona. Y para él, haber podido llevarla a su casa, constituía un logro personal y hasta un símbolo de ascenso social. Una puta particular era (y aún hoy es) el sueño de muchos en ese pueblo. Pasaron unos cuantos días. Y sintió que esta situación pasó de convertirse en una novedad para ser una realidad cotidiana. Satisfecho de sus logros continuó con su vida de trabajo y ocupaciones normales. Una noche, mientras cenaba, sonó el teléfono celular de ella. La chica contestó la llamada en susurros. – ¿Quién era? – Una vieja amiga que quería saber cómo estaba. Esa noche el hombre recibió un tratamiento especial que lo dejó dormido casi al instante de apagar las luces. A la mañana siguiente fueron de compras al súper y, caminando entre las góndolas, creyó ver que su nueva mujer saludaba disimuladamente a un viejo panzón algo desgarbado. – ¿Y ese viejo? – Un amigo de la familia. Las explicaciones de la chica, vagas y cortantes, encendieron una luz de alarma en el fondo del cerebro del hombre: ¿Y si ella seguía viendo a otros cuando él salía a trabajar en la oficina? A los pocos días, aprovechó que la piba fuera a bañarse para husmear entre las llamadas recibidas en el celular. Como un delincuente planeó todo. Buscó papel y lapicera y comenzó a anotar los números junto a los nombres de las personas que habían llamado. Se dió cuenta que casi todas las comunicaciones parecía que eran de mujeres: Yana, Vale, Marifló, Cris, Debra y otras. Por las dudas anotó los nombres y el número al lado. Esa noche, molesto y nervioso, volvió a recibir un tratamiento tranquilizador. Antes que el radio-reloj marcara las 7:00 ya tenía los ojos abiertos y reflexionaba acerca de lo que había hecho. Se sentía un tanto culpable por husmear en las cosas de su mujer. En horario de trabajo aprovechó unos minutos para hacer las llamadas de rigor. En la primera atendió un hombre y cortó inmediatamente la comunicación. En la segunda contestó otro hombre y él se disculpó cortésmente. La tercera era también de otro tipo. La cuarta y la quinta igual. Cuando llegó a casa, la mujer lo saludó efusivamente metiendo su lengua tibia, húmeda y carnosa en su boca. Al instante a él se le vino a la mente la lengua de su mujer recorriendo partes bajas de otros tipos y se apartó, disculpándose de su actitud debido a los líos de oficina que lo habían puesto en tensión. Esa noche, al momento de recibir el tratamiento usual, tenía la mente puesta en el tema de la infidelidad. No disfrutó nada. Todo le pareció sobreactuado, simulado, hasta un tanto exagerado, como en las películas cochinas. Rumbo ya al trabajo, un automovilista apresurado le cerró el paso para adelantarse primero. El hombre de nuestro relato se prendió a la bocina acelerando el rodado a más no poder. El otro, sólo se limitó a hacerle cuernos con la mano fuera de la ventana. El del relato se enfureció, hizo todo lo posible por adelantarse hasta que consiguió detenerlo. De un salto se abalanzó hacia la portezuela e intentó sacar al maldito encerrón, que ya se había parapetado del huracán que se le venía encima. - Pará, loco, qué te pasa, ¿te querés desquitar conmigo....? Pasado el incidente, siguió con su vida diaria. Hasta que un amigo le hizo una broma por haberse ido a vivir con una puta. Cuando comenzó la golpiza en el rostro ensangrentado de su ahora ex-amigo, el que pegaba y pegaba, sólo veía su propia cara en la cara del pobre tipo, razón más que suficiente para seguir pegando. Quiero aclarar que toda semejanza con la realidad es pura coincidencia.
Última edición por PiratadeJunin; 23-Sep-2010 a las 16:52 |