La iglesia católica tiene miedo a enfrentar su propia homosexualidad
27 de noviembre de 2010 | Por
El teólogo alemán David Berger ha afirmado que la iglesia católica tiene “miedo a enfrentarse con su propia homosexualidad”, que “gran parte de los curas” que ha conocido son gays y que “la homosexualidad a menudo es utilizada como instrumento de chantaje y presión dentro de la jerarquía católica”.
En abril de este año, el
teólogo David Berger,
profesor en la Academia Pontificia de Santo Tomás de Aquino de Roma y director de Theologisches, la más
importante publicación del catolicismo ultraconservador alemán, escribió, más que un artículo, una confesión en el diario Frankfuhrter Rundschau,
“No puedo callar más”, en el que hacía público que es homosexual y criticaba la actitud homófoba e hipócrita de la Iglesia católica, en respuesta a la afirmación del cardenal Tarcisio Bertone que relacionó pederastia y homosexualidad.
Los sacerdotes frecuentan los ambientes gays
En una entrevista en el diario
El País de España, este jueves, David Berger, ahora ya ex profesor de la Academia Pontificia de Santo Tomás de Aquino, relata que los clérigos homosexuales frecuentan de manera anónima los ambientes gay, no llaman la atención, no critican nunca al Papa o a los obispos y aceptan los chantajes. Hay quienes viven bien así; sin embargo otros sufren de soledad, y a veces la obligación del silencio les lleva a la depresión.
La mayoría de los sacerdotes es gay
Berger, que cuenta su experiencia en el libro
“La sagrada apariencia” (ediciones Ullstein), publicado ayer, asegura que gran parte de los clérigos que encontró son de su misma condición sexual. Él cree que la estructura jerárquica estrictamente masculina, favorece esta realidad.
“La mayoría de los sacerdotes busca acceso a la escena gay, para encontrar ahí sexo rápido y anónimo. Intentan no llamar la atención, por esto buscan no criticar nunca a su obispo o al Papa”. Muchos viven bien así pero otros lo soportan mal, afirma el teólogo alemán.
La homosexualidad como instrumento de chantaje
David Berger asegura que la homosexualidad es utilizada dentro de la Iglesia católica como instrumento de chantaje y presión y explica que él mismo la sufrió cuando decidió firmar una iniciativa en contra de la decisión del Papa de rehabilitar el obispo antisemita Williamson. “Me dijeron: ¿No sabe usted que esta lista fue firmada por homosexuales? ¿No querrá aparecer en una lista parecida? Interpreto hechos como estos como presiones”.
El miedo de la Iglesia
En el

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Joseph Ratzinger asegura que la homosexualidad se presenta como una prueba que tiene que ser superada en la vida de un hombre. El Papa dice también que, aunque sea congénita, es moralmente inaceptable. Con estas declaraciones, según Berger,
“la homofobia ha llegado al máximo”. “No hay que dejarse desenfocar por sus declaraciones acerca del preservativo. La Iglesia, con este pontífice, se parece cada vez más a una secta”. “Ningún cambio es posible”, añade, hasta que la Iglesia no abandone la interpretación “estrictamente biológica de la sexualidad”.
Una suma de situaciones llevó a Berger a sentirse cada vez menos a gusto, y a tener la sensación de que estaba jugando un partido en el equipo equivocado. En lugar de luchar por sus derechos y los de su pareja, de quien además no podía hablar públicamente, apoyaba a quienes los discriminaban. “Siempre alejaba estos pensamientos porque el Estado secularizado nos garantizaba espacio para vivir nuestras vidas. Pero cuando determinados círculos empezaron a hacer presión en la política para reducir nuestros derechos empecé a alejarme”.
Berger asegura que ahora se siente liberado. Volverá a enseñar filosofía medieval y se comprometerá en proyectos reivindicativos de los derechos de los gays. Tiene claro que cualquier trabajo dentro de la Iglesia es imposible: “El miedo a enfrentarse con su propia homosexualidad es demasiado grande”.