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04-Jan-2011, 10:00
|  | Alto Groso de F-E | | Fecha de Ingreso: 24-May-2009 Edad: 43
Mensajes: 1.995
| | La cultura del apriete Alvaro Abos
Para LA NACION
< ¿Qué espero de 2011? Que el país deje atrás un círculo maléfico que
convierte todos los conflictos en peleas frontales, en las que se debe
tensar la cuerda hasta el borde mismo del estallido para que el otro
ceda. Durante los años kirchneristas, la Argentina ha sido gravemente
envenenada por una pócima nefasta: el apriete. Una vieja palabra que
los argentinos resignificamos, una expresión que no es sólo invención
verbal. Se convirtió en una cultura.
Durante las últimas semanas de 2010, en el país pasaba esto: los
jubilados no podían cobrar en una sucursal del Banco Nación porque no
había fondos. ¿Por qué no llegaba ese dinero? Porque los empleados
del banco que reclamaban una bonificación de fin de año impedían la
salida de los camiones que llevaban los fondos. Para pedir una mejora
de su salario, unos trabajadores condenaban a otros trabajadores, en
este caso, jubilados.
En realidad, para el personal del banco era una manera de llamar la
atención, de obtener un espacio en el inmenso teatro social y, de ese
modo, conseguir que el poder accediera al reclamo, en el entendimiento
de que, por más justo que fuera el beneficio solicitado, jamás sería
concedido sin el refuerzo de un "apriete". Al mismo tiempo, a miles de
porteños agobiados por el africano calor, nos cortaban la luz. Como en
la compañía eléctrica nadie atiende el teléfono para explicar los
alcances del corte, los vecinos, desesperados por conseguir la
reparación, cortaban la avenida más cercana. A su vez, cada corte,
cada calle que quedaba cegada a la circulación, multiplicaba el caos
automovilístico. Cientos de miles de ciudadanos quedaban atrapados
en las autopistas que circundan la Capital, ya que los vecinos cortan las
rutas cuando ellas pasan por un pueblo, ya sea porque demandan que
les restituyan el fluido eléctrico, o porque quieren que las autoridades
comunales adopten ésta u otra resolución. O porque piden vivienda u
otro derecho que consideran conculcado. Mientras tanto, como resultado
de otros tantos aprietes, faltan billetes, faltan monedas, falta nafta. El
apriete, exacerbado así hasta el paroxismo, se convierte en una lucha
darwiniana de todos contra todos.
Quien muestre esto en la televisión o lo cite en un programa de radio o
en algún escrito es tachado por el Gobierno de conspirador y golpista.
La Constitución argentina consagra el derecho de peticionar a las
autoridades. Ese derecho tiene una traducción argentina: "peticionar" es
sentido por la sociedad como un acto absurdo. En la cacofonía de voces
y reclamos, quien se limite a "pedir" es un? tonto. Sólo quien apriete
será escuchado. La vieja sabiduría popular, traducida en el refrán "el que
no llora no mama" ha sido reemplazada por "el que no aprieta no
consigue nada".
¿Qué es el apriete? Durante años, la sociedad, harta de no ser oída por
sus dirigentes, amasó métodos de protesta que iban más allá de la
mera petición. Cortes de ruta y calles se convirtieron en métodos
habituales. Los argentinos siempre nos distinguimos por nuestro genio
verbal. En estas tierras, nacieron palabras que luego ganaron el mundo.
Por ejemplo, "gorila" para designar a persona violenta. Ultimamente,
inventamos otra: el "corralito". "Piquetero" viene de una palabra
("piquete") con más de un siglo y medio de tradición en la historia de las
luchas obreras mundiales. Designaba a los sindicalistas que, en la
puerta de las fábricas, trataban de convencer a los obreros para que se
plegaran a la huelga. Los argentinos reconvertimos "piquete" en
"piqueteros", gente que protesta en la vía pública, causando daño a
terceros -a veces a sí misma- para llamar la atención del poder. Apretar,
en esta versión argentina, es apremiar, presionar, oprimir a alguien. Los
argentinos convertimos un verbo en sustantivo.
El diccionario de María Moliner no consigna la palabra "apriete", sino
sólo el verbo "apretar", uno de cuyos múltiples significados es "hacer
sentir la necesidad de algo". Apretar viene de una palabra del latín
tardío: appectorare, que significaba estrechar fuerte contra el pecho.
Apretar viene, pues, de abrazar, pero con tanta fuerza que quien abraza
sofoca. Ni más ni menos que el abrazo del oso. Así pues, la etimología
del término apriete no se entiende sin referencia a los demás
integrantes de la comunidad: se aprieta a quien en realidad se debería
abrazar. Apretar es llamar la atención del otro que nos ignora cuando
debería ocuparse de nosotros. Apretar es una forma degenerada de
vivir en comunidad, una manera enferma de conformar un país. No se
aprieta, por ejemplo, a un enemigo exterior: a éste se lo agrede, o bien
se confraterniza con él. Porque el extraño, el extranjero tiene su vida
propia. En cambio, se aprieta a quien convive con nosotros, al familiar,
al prójimo, al compatriota.
Vuelvo a la ilustre filóloga Moliner y a su insuperable Diccionario de u so
del español: apretar, dice, es "influir sobre alguien con ruegos, razones,
o amenazas, para que haga cierta cosa". Apretar es llevar a alguien al
borde mismo de un dolor. Siempre se aprieta cuando el que ejecuta la
acción llega a un límite: si se lo transgrede, sucede algo penoso.
Ejemplifica María Moliner con varios dichos de antiguo linaje en el habla
popular: "Si no te aprieta el dolor, no tomes el calmante", "Dios aprieta,
pero no ahoga", o bien aquello de "saber dónde le aprieta el zapato".
Otro dicho común que consigna el Diccionario , de inquietante eco entre
nosotros, es aquel según el cual "lo están apretando por todos los
medios para que dimita".
Las protestas piqueteras, durante la presidencia interina de Eduardo
Duhalde, se cobraron dos víctimas: Kosteki y Santillán. El gobierno llamó
a unas elecciones que fueron extrañas. Convocadas a dos vueltas, sólo
se verificó la primera, que ganó Carlos Menem. De allí surgió el
presidente Kirchner. Entonces se lanzó una consigna. El gobierno no iba
a reprimir la protesta. Pero la protesta proliferó porque, a pesar de que
la economía se recuperó, los niveles de pobreza y desigualdad no se
redujeron. El kirchnerismo no se opuso al apriete como forma ilegal o en
todo caso injusta de dirimir los conflictos. El gobierno adoptó ese lema
(no criminalizar la protesta, aun cuando ella tomara la forma de apriete),
pero -como si al mismo tiempo quisiera estar en el Estado y fuera del
Estado- recogió la filosofía de la confrontación que estaba en origen del
piqueterismo. Todos aprietan y el Estado también. El Estado, durante el
kirchnerismo, separó a la sociedad en divisiones esquemáticas. Abrazó
la intolerancia, la polarización y la dialéctica nosotros-ellos. Demonizó a
sus adversarios, que fueron alternativa o sucesivamente el campo, los
medios, la oposición? A los amigos, todo; a los enemigos, nada. Por
ejemplo, en la cultura, para sólo citar un espacio, los lugares de
privilegio y centralidad, los honores, los cargos, los auspicios, los
créditos, los viajes, los sueldos, los jugosos contratos fueron para los
artistas que compartían, simpatizaban o en todo caso no se metían con
el poder.
Los piqueteros fueron cooptados. Los más feroces pasaron a vivir del
presupuesto. Algunos cobraban, otros manejaban la caja y pagaban a
otros. Y, de esa manera, el poder y el presupuesto circulaban. Siempre
entre los del palo? Pero esa modalidad era peligrosa, porque si bien
algunos de los más salvajes apretadores dejaron de apretar, siempre
había disconformes que los reemplazaban.
El país creció con altos índices anuales, pero la cantidad de pobres no
bajó del treinta por ciento. Y, finalmente, el círculo estalló y ese punto de
orgullo del kirchnerismo ("ni un muerto?") cedió ante tanto y tanto
apriete. Y el Gobierno terminó el año 2010 con varios muertos.
El apriete, en esta significación argentina, está muy cerca de dos
conductas tipificadas en el Código Penal: la amenaza (artículo 149 bis),
y su derivación agravada, la extorsión (artículo 168). Como en casi todo
lo que nos pasa, el apriete no es exclusividad argentina. No debemos
caer en otro vicio, la soberbia, que puede aun ensombrecer el apriete.
Un ejemplo de apriete practicado en otros países son las huelgas de los
gremios del transporte que estallan en las fechas pico, por ejemplo, el
inicio de las vacaciones. Quienes han tenido la fortuna de viajar por el
mundo, lo saben. En Italia, el sciopero ferroviario es un clásico de los
meses vacacionales. Un reciente caso puede tocarnos de cerca. En
España, al comenzar el éxodo de las vacaciones de fin de año, se
declararon en huelga los controladores de vuelo de los aeropuertos
españoles, amenazando a millones de pasajeros. Esa huelga no sólo
comprometía las ganancias de las compañías aéreas, sino la vida de los
pasajeros. Al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, quien, bueno
es recordarlo por si alguien lo olvidó, pertenece al Partido Obrero
Socialista Español, no le tembló la mano. Declaró el estado de
emergencia, transfirió el control de los vuelos a la aviación militar del
reino de España y conminó a los huelguistas: quien no acudiera a su
trabajo sería procesado y, eventualmente, condenado a penas de varios
años de prisión. El tráfico aéreo se normalizó de inmediato.
Rodríguez Zapatero zanjó de esa manera un debate viejo: el derecho de
huelga, amparado constitucionalmente, ¿se extiende también a aquellos
trabajadores de quienes dependen otros valores, por ejemplo, la salud,
o la seguridad, para no hablar del derecho a la libre circulación?
De los muchos problemas que la Argentina deberá afrontar en el año
electoral de 2011, uno de ellos será el siguiente: cómo eliminar el
apriete devenido comportamiento casi automático y cultura
predominante, o por lo menos cómo desarticularlo para que no sea la
única manera de dirimir conflictos, o de conseguir la atención del otro.
Como ciudadano espero que en 2011 los argentinos dejemos de
conjugar ese verbo que tanta amargura nos ha causado.
El verbo apretar. ¿Y si nos abrazáramos? No pido tanto. Me bastaría
con que nos diéramos la mano.
__________________ “Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien”. Victor Hugo
Última edición por Ochentoso; 04-Jan-2011 a las 10:06 | 
04-Jan-2011, 10:06
|  | Baneado Premium de F-E | | Fecha de Ingreso: 29-January-2008
Mensajes: 3.751
| | Respuesta: La cultura del apriete
Espero que se acaben los aprietes de A. Fernandez....!! Que maravilla que desapareció....!! Que lo rajen de una lo manden a Quilmes a manejar sus actividades previas......!! | 
04-Jan-2011, 12:11
| | Alto Groso de F-E | | Fecha de Ingreso: 14-January-2008
Mensajes: 2.167
| | Respuesta: La cultura del apriete
que clarinete y la nación digan la verdad de ciertas cosas.... mentir descaradamente es también un apriete.
Saludos y a sus gratas órdenes
| 
04-Jan-2011, 12:30
|  | Baneado Premium de F-E | | Fecha de Ingreso: 29-January-2008
Mensajes: 3.751
| | Respuesta: La cultura del apriete
JaJa ..... esto va a ser otro ida y vuelta de los K versus los Anti-K..... | 
04-Jan-2011, 12:51
| | Alto Groso de F-E | | Fecha de Ingreso: 14-January-2008
Mensajes: 2.167
| | Respuesta: La cultura del apriete Cita:
Iniciado por Muscle-Teens JaJa ..... esto va a ser otro ida y vuelta de los K versus los Anti-K.....  | jajaja (risa falsa) y ud de que lado esta?? por también opina
Como el tema lo comenzó uno de su grupito , no es criticado.
Donde esta el sr forista que quiere solo sexo?? Por que no es critado???Tan necesitado esta?? Podría hacerle un prestamo para ver si se calma un poco y asi puede contratar un acompañante masculino.
Saludos y a sus gratas órdenes
| 
04-Jan-2011, 14:04
|  | Alto Groso de F-E | | Fecha de Ingreso: 24-May-2009 Edad: 43
Mensajes: 1.995
| | Respuesta: La cultura del apriete
Pero el articulo tambien habla del apriete de las clases medias gorilas, cuando les falta plata en el banco, o le roban la caja de seguridad, es mas el articulo mas que en el apriete mafioso de Anibal se centra en el apriete al projimo, incluido tambien el gobierno cualquiera sea, por parte de nosotros los ciudadanos, frente a cualquier circunstancia que nos produce enojo. A mi me parece buen articulo, para pensar en como procedemos. Se pensamos como procedemos tambien podemos llegar a pensar antes de votar
__________________ “Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien”. Victor Hugo | 
04-Jan-2011, 14:18
| | adoradordemusculos | | Fecha de Ingreso: 05-January-2006
Mensajes: 198
| | Respuesta: La cultura del apriete
Impecable...Imposible coincidir mas.
Abra-gratos
G
PD: me siento super atacado...Tan atacado que me puse generoso y oferto préstamos (!?)...Tasa de interés? Propongo costo de vida anual del INDEK... Cita:
Iniciado por Ochentoso Alvaro Abos
Para LA NACION
< ¿Qué espero de 2011? Que el país deje atrás un círculo maléfico que
convierte todos los conflictos en peleas frontales, en las que se debe
tensar la cuerda hasta el borde mismo del estallido para que el otro
ceda. Durante los años kirchneristas, la Argentina ha sido gravemente
envenenada por una pócima nefasta: el apriete. Una vieja palabra que
los argentinos resignificamos, una expresión que no es sólo invención
verbal. Se convirtió en una cultura.
Durante las últimas semanas de 2010, en el país pasaba esto: los
jubilados no podían cobrar en una sucursal del Banco Nación porque no
había fondos. ¿Por qué no llegaba ese dinero? Porque los empleados
del banco que reclamaban una bonificación de fin de año impedían la
salida de los camiones que llevaban los fondos. Para pedir una mejora
de su salario, unos trabajadores condenaban a otros trabajadores, en
este caso, jubilados.
En realidad, para el personal del banco era una manera de llamar la
atención, de obtener un espacio en el inmenso teatro social y, de ese
modo, conseguir que el poder accediera al reclamo, en el entendimiento
de que, por más justo que fuera el beneficio solicitado, jamás sería
concedido sin el refuerzo de un "apriete". Al mismo tiempo, a miles de
porteños agobiados por el africano calor, nos cortaban la luz. Como en
la compañía eléctrica nadie atiende el teléfono para explicar los
alcances del corte, los vecinos, desesperados por conseguir la
reparación, cortaban la avenida más cercana. A su vez, cada corte,
cada calle que quedaba cegada a la circulación, multiplicaba el caos
automovilístico. Cientos de miles de ciudadanos quedaban atrapados
en las autopistas que circundan la Capital, ya que los vecinos cortan las
rutas cuando ellas pasan por un pueblo, ya sea porque demandan que
les restituyan el fluido eléctrico, o porque quieren que las autoridades
comunales adopten ésta u otra resolución. O porque piden vivienda u
otro derecho que consideran conculcado. Mientras tanto, como resultado
de otros tantos aprietes, faltan billetes, faltan monedas, falta nafta. El
apriete, exacerbado así hasta el paroxismo, se convierte en una lucha
darwiniana de todos contra todos.
Quien muestre esto en la televisión o lo cite en un programa de radio o
en algún escrito es tachado por el Gobierno de conspirador y golpista.
La Constitución argentina consagra el derecho de peticionar a las
autoridades. Ese derecho tiene una traducción argentina: "peticionar" es
sentido por la sociedad como un acto absurdo. En la cacofonía de voces
y reclamos, quien se limite a "pedir" es un? tonto. Sólo quien apriete
será escuchado. La vieja sabiduría popular, traducida en el refrán "el que
no llora no mama" ha sido reemplazada por "el que no aprieta no
consigue nada".
¿Qué es el apriete? Durante años, la sociedad, harta de no ser oída por
sus dirigentes, amasó métodos de protesta que iban más allá de la
mera petición. Cortes de ruta y calles se convirtieron en métodos
habituales. Los argentinos siempre nos distinguimos por nuestro genio
verbal. En estas tierras, nacieron palabras que luego ganaron el mundo.
Por ejemplo, "gorila" para designar a persona violenta. Ultimamente,
inventamos otra: el "corralito". "Piquetero" viene de una palabra
("piquete") con más de un siglo y medio de tradición en la historia de las
luchas obreras mundiales. Designaba a los sindicalistas que, en la
puerta de las fábricas, trataban de convencer a los obreros para que se
plegaran a la huelga. Los argentinos reconvertimos "piquete" en
"piqueteros", gente que protesta en la vía pública, causando daño a
terceros -a veces a sí misma- para llamar la atención del poder. Apretar,
en esta versión argentina, es apremiar, presionar, oprimir a alguien. Los
argentinos convertimos un verbo en sustantivo.
El diccionario de María Moliner no consigna la palabra "apriete", sino
sólo el verbo "apretar", uno de cuyos múltiples significados es "hacer
sentir la necesidad de algo". Apretar viene de una palabra del latín
tardío: appectorare, que significaba estrechar fuerte contra el pecho.
Apretar viene, pues, de abrazar, pero con tanta fuerza que quien abraza
sofoca. Ni más ni menos que el abrazo del oso. Así pues, la etimología
del término apriete no se entiende sin referencia a los demás
integrantes de la comunidad: se aprieta a quien en realidad se debería
abrazar. Apretar es llamar la atención del otro que nos ignora cuando
debería ocuparse de nosotros. Apretar es una forma degenerada de
vivir en comunidad, una manera enferma de conformar un país. No se
aprieta, por ejemplo, a un enemigo exterior: a éste se lo agrede, o bien
se confraterniza con él. Porque el extraño, el extranjero tiene su vida
propia. En cambio, se aprieta a quien convive con nosotros, al familiar,
al prójimo, al compatriota.
Vuelvo a la ilustre filóloga Moliner y a su insuperable Diccionario de u so
del español: apretar, dice, es "influir sobre alguien con ruegos, razones,
o amenazas, para que haga cierta cosa". Apretar es llevar a alguien al
borde mismo de un dolor. Siempre se aprieta cuando el que ejecuta la
acción llega a un límite: si se lo transgrede, sucede algo penoso.
Ejemplifica María Moliner con varios dichos de antiguo linaje en el habla
popular: "Si no te aprieta el dolor, no tomes el calmante", "Dios aprieta,
pero no ahoga", o bien aquello de "saber dónde le aprieta el zapato".
Otro dicho común que consigna el Diccionario , de inquietante eco entre
nosotros, es aquel según el cual "lo están apretando por todos los
medios para que dimita".
Las protestas piqueteras, durante la presidencia interina de Eduardo
Duhalde, se cobraron dos víctimas: Kosteki y Santillán. El gobierno llamó
a unas elecciones que fueron extrañas. Convocadas a dos vueltas, sólo
se verificó la primera, que ganó Carlos Menem. De allí surgió el
presidente Kirchner. Entonces se lanzó una consigna. El gobierno no iba
a reprimir la protesta. Pero la protesta proliferó porque, a pesar de que
la economía se recuperó, los niveles de pobreza y desigualdad no se
redujeron. El kirchnerismo no se opuso al apriete como forma ilegal o en
todo caso injusta de dirimir los conflictos. El gobierno adoptó ese lema
(no criminalizar la protesta, aun cuando ella tomara la forma de apriete),
pero -como si al mismo tiempo quisiera estar en el Estado y fuera del
Estado- recogió la filosofía de la confrontación que estaba en origen del
piqueterismo. Todos aprietan y el Estado también. El Estado, durante el
kirchnerismo, separó a la sociedad en divisiones esquemáticas. Abrazó
la intolerancia, la polarización y la dialéctica nosotros-ellos. Demonizó a
sus adversarios, que fueron alternativa o sucesivamente el campo, los
medios, la oposición? A los amigos, todo; a los enemigos, nada. Por
ejemplo, en la cultura, para sólo citar un espacio, los lugares de
privilegio y centralidad, los honores, los cargos, los auspicios, los
créditos, los viajes, los sueldos, los jugosos contratos fueron para los
artistas que compartían, simpatizaban o en todo caso no se metían con
el poder.
Los piqueteros fueron cooptados. Los más feroces pasaron a vivir del
presupuesto. Algunos cobraban, otros manejaban la caja y pagaban a
otros. Y, de esa manera, el poder y el presupuesto circulaban. Siempre
entre los del palo? Pero esa modalidad era peligrosa, porque si bien
algunos de los más salvajes apretadores dejaron de apretar, siempre
había disconformes que los reemplazaban.
El país creció con altos índices anuales, pero la cantidad de pobres no
bajó del treinta por ciento. Y, finalmente, el círculo estalló y ese punto de
orgullo del kirchnerismo ("ni un muerto?") cedió ante tanto y tanto
apriete. Y el Gobierno terminó el año 2010 con varios muertos.
El apriete, en esta significación argentina, está muy cerca de dos
conductas tipificadas en el Código Penal: la amenaza (artículo 149 bis),
y su derivación agravada, la extorsión (artículo 168). Como en casi todo
lo que nos pasa, el apriete no es exclusividad argentina. No debemos
caer en otro vicio, la soberbia, que puede aun ensombrecer el apriete.
Un ejemplo de apriete practicado en otros países son las huelgas de los
gremios del transporte que estallan en las fechas pico, por ejemplo, el
inicio de las vacaciones. Quienes han tenido la fortuna de viajar por el
mundo, lo saben. En Italia, el sciopero ferroviario es un clásico de los
meses vacacionales. Un reciente caso puede tocarnos de cerca. En
España, al comenzar el éxodo de las vacaciones de fin de año, se
declararon en huelga los controladores de vuelo de los aeropuertos
españoles, amenazando a millones de pasajeros. Esa huelga no sólo
comprometía las ganancias de las compañías aéreas, sino la vida de los
pasajeros. Al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, quien, bueno
es recordarlo por si alguien lo olvidó, pertenece al Partido Obrero
Socialista Español, no le tembló la mano. Declaró el estado de
emergencia, transfirió el control de los vuelos a la aviación militar del
reino de España y conminó a los huelguistas: quien no acudiera a su
trabajo sería procesado y, eventualmente, condenado a penas de varios
años de prisión. El tráfico aéreo se normalizó de inmediato.
Rodríguez Zapatero zanjó de esa manera un debate viejo: el derecho de
huelga, amparado constitucionalmente, ¿se extiende también a aquellos
trabajadores de quienes dependen otros valores, por ejemplo, la salud,
o la seguridad, para no hablar del derecho a la libre circulación?
De los muchos problemas que la Argentina deberá afrontar en el año
electoral de 2011, uno de ellos será el siguiente: cómo eliminar el
apriete devenido comportamiento casi automático y cultura
predominante, o por lo menos cómo desarticularlo para que no sea la
única manera de dirimir conflictos, o de conseguir la atención del otro.
Como ciudadano espero que en 2011 los argentinos dejemos de
conjugar ese verbo que tanta amargura nos ha causado.
El verbo apretar. ¿Y si nos abrazáramos? No pido tanto. Me bastaría
con que nos diéramos la mano.  | |  | Este tema "La cultura del apriete" se cerró automáticamente porque no tuvo actividad en los últimos meses. Los mensajes que contiene pueden no reflejar las opiniones actuales de sus autores o pertenecer a usuarios no activos.
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