Ayer fue la reincidencia. Fui porque necesitaba una descarga de masajes y porque quería ver si ella se soltaba un poco más.
Y se soltó. en el sentido positivo del término.
Hizo todo lo que estuvo a su alcance para hacer más grata mi estadía, pero enseguida encontró su techo.
Sigue siendo una propuesta honesta a $ 150 la hora en la que entra todo, todo, todo (repito así lo que dije la última vez).
Lo que pasó es muy sencillo: una cosa es concurrir un atardecer medio desesperado con mil agujeros en el alma por suturar, y otra a las tres de la tarde para cubrir un agujero de dos horas entre dos reuniones.
Evidentemente, la magia faltó a la cita.
No creo que reincida, pero la sigo recomendando.