Hola colegas foreros:
Ayer fui al PV de atrás de la estación. En realidad, había hecho un intento el lunes a las 22:30 hs, pero me dijeron que todas las chicas estaban ocupadas y que se retiraban a las 23 hs (?!). Ante tales noticias, no tuve más alternativa que esperar al día siguiente, y me presenté en el lugar tipo 20:30 hs.
El lugar es una casa con dos habitaciones y un garage cubierto, por donde se ingresa. Yo esperaba que sacaran a los clientes por la puerta principal, para evitar el molesto cruce, pero no. Así, de esperar en una silla plástica de jardín me encontré rodeado de desconocidos, que saludaban alegremente como quien va al buscar a los chicos al colegio. También estaban dos de las minas, despidiendo a sus clientes. Yo no sabía si desearles feliz navidad a todos o no, dada la cordialidad del ambiente.
Bueno, luego de tan hermoso momento, paso a la zapie, y me presentan a dos de tres. Ya para esto, había tenido oportunidad de escuchar la charla de alguna de las minas, diciendo algo así como que esperaba que uno de los clientes que había tenido era tan feo que no quería que le tocara ni la espalda. Me presentaron a MMÑÑ (así se presentó), desapareciendo casi como por encanto, y luego apareció Angie, la bizca que mencionó Ilmuro al principio.
Pregunté por la que faltaba, me indicaron que estaba ocupada y opté por la lógica, es decir, Angie. Ella es flaquita, de pelo hasta los hombros, y andaba con un shortcito blanco y botas. Aunque no marcó mucho en mi gatodetector, aprecié su juventud y opté por una hora de su tiempo. Esto fue un error, dado que estimaba por el informe Ilmuro que costaría unos $100 o tal vez $130 a lo sumo, pero me informaron que saldría $150. Y bueno, uno es como el samurai, si desenvaina tiene que haber sangre, así que me quedé.
De entrada, la mina resultó refría. Se desnudó y se quedó boca arriba, con la cara a un lado, con sólo la bombachita puesta. Buenas tetas, chicas, pero firmes, así que empecé a chupárselas para ver si se encendía. Después de 5 minutos de laburo, la entré a pajear para ver si se calentaba algo, y obtuve una ligera respuesta. Alentado por el éxito, me esmeré hasta que comenzó a gemir. Rumbié para la boca, a la que encontré abierta de par en par en un tremendo bostezo.

Después siguió un pete sin forro ni ganas. Tratando de salvar la situación, le pedí que se pusiera en cuatro. Ahí mejoró algo la cosa, pero alargué la faena lo más que pude, sabiendo que no tendría otra oportunidad.
Luego, una charla intrascendente, del momento, hasta que llamaron a la puerta.
Sólo añadiré que el lugar es limpio y bien perfumado.
No estoy muy inclinado a reincidir.
Buenas tardes.