Es algo tarde, el reloj me marca las 2 y 45 de la mañana, Ezequier acaba de abandonar el hotel en el cual e hospedo, la noche fue gloriosa, debería pensar qe hoy es mi día, pasé buena parte de la tarde en manos de Lautaro, y las primeras horas de la madrugada con Ezequiel, volveré a mis pagos muy satisfecho.
Pero el tema es contar algo de la noche con Ezequiel, está más que bueno, su pelambre me apasiona, tiene pelos en las piernas, el torax y desde el ombligo le surge con naturalidad un camino que lleva a lo más lindo que tiene, una hermosa verga que hoy ha estado aprisionada en un boxer blanco.
Llegó, luego de alabar un poco mi habitación, que debo confesar, es linda comenzamos con una franela muy apasionante.
Lentamente nos fuimos despojando de la ropa que llevábamos puesta y pude comenzar a sentir acariciar mi cerpo esos pelos negros y espesos que tanto me gustan.
Besos más, besos menos, mordisqueos más, mordisqueos menos, nos fuimos calentando, lo suficiente como para sentir que cada mordisco en mi oreja era como una electricdad que recorría todo mi cuerpo.
Lo mamé en todo el cuerpo, se retorcía de placer, estoy seguro, si algo tiene la edad es que nos permite hacer que el otro goce porque ya hemos perdido prácicamente todas las inhibiciones y eso es bueno.
Hice gozar al pendejo tanto como él me hizo gozar a mi, me ha recorrido el cuerpo con la lengua, me ha mordisqueado las orejas, retorcido las tetillas y armó todo como para que yo eyaculara abundantemente.
Yo también puse lo mío como para calentarlo al mango, le he mamado el culo , que estaba limpísimo pero peludísimo, como me gustan,
Ha gemido tanto como yo, al finalizar compartimos un whisky y se marchó, dejándome solo en mi habitación del hotel, con mis recuerdos y su maravillosa manera de hacerme gozar.
Gracias a todos por aguantarme.