
07-Jun-2010, 11:00
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Respuesta: Duda de casa Las ilusiones es, cuanto menos, sano y sensato albergarlas en el marco de las relaciones reales. No, de las rentadas. Obviamente, no siempre el corazón nos permite distinguir con claridad meridiana unas de otras. De lo contrario, no habría tanto cliente abusado. No niego que haya excepciones al punto de vista expresado en mi posteo anterior. Normalmente, las excepciones confirman la regla. Además, como dijo un forista aquí mismo, sería riesgoso e ingenuo generalizar a partir de las excepciones. Mucho más riesgoso, proceder en función de ellas. La heterogeneidad existe entre los escorts, tanto como las características que son comunes a la mayor parte de ellos. La falta de honestidad, es entre todas, la más conspicua. Yo no he tenido la suerte, o la oportunidad de encontrar el más mínimo grado de honestidad entre los escorts que he conocido y tratado en los últimos diez años. Con ninguno. Honestidad en el afecto, honestidad en el proceder, honestidad en el sentir. ¿Puede haber escorts honestos? Seguramente que si. Lo que afirmo sin ninguna duda es que, si existen, son minoría. Y que además yo no tuve, ni por asomo, la chance de conocerlos o de intercambiar con ellos. La mentira, es funcional al trabajo del escort. Miente su placer. Miente su afecto. Miente su necesidad. Lo hace porque de lo contrario su servicio carece del condimento necesario para concretarse. Del condimento y de la retribución. El escort promedio navega un mundo de ruinosas relaciones comerciales: clientes sin nombre, sin identidad y sin compromiso. Seres anónimos que usan su cuerpo cosificado hasta el hartazgo. Así entendido el intercambio, el desquite natural es el robo y la violencia. Algo más. Para la mayor parte de los escorts activos pseudo-bisexuales, la relación homosexual significa denuesto a su masculinidad: igualan heterosexualidad con hombría. El escort siente que el cliente pasivo lo obliga a traicionar por dinero su natural masculinidad que tiende a relaciones heterosexuales con mujeres. Y lo odia por esto. Mucho más, si por necesidad es el escort mismo quien debe practicar el rol pasivo. En ese caso el odio se transforma en abominación. Es importante comprender el riesgo que involucra no preservar la propia identidad y el propio domicilio. Abundan los casos de clientes sorprendidos por un grado de violencia del que no hubo retorno. El caso de Luis Emilio Mitre sigue siendo emblemático. Y si finalmente alguien elige correr el riesgo utilizando la contención de su propio hogar para dar cabida a sus deseos con un extraño, que tome los recaudos mínimos necesarios: es ineludible conocer la identidad real del escort y deben existir relaciones próximas del cliente que sepan del encuentro y del nombre del escort. |