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Iniciado por eldiego_181818 Amigos si pueden tirar mas datas sobre las minas y los precios se agradeceria |
Bueno. Como dije, vivo a tres cuadras, así que actualizo, ya que pasaron seis meses de la última vez que fui.
Estuve el viernes pasado a eso de las 3 AM. Me di una vuelta porque me habían fallado los planes de la A a la Z.
El lugar está igual (hay fotos en su sitio). La entrada mínima con consumisión sigue en $20.
Muy poca gente. Un par de negras no en su primera adolescencia. Me fijé en una pendeja (blanca) de medio pelo, que estaba con un flaco como su novia.
Noto también que en una mesa con un grupo, una negrita estaba re-trola: hacía como que le chupaba la pija a uno o a otro, cabalgaba sobre la falda de un chabón, etc. Pero no la veía bien; estaba medio lejos.
Me fui al fondo y pedí al barman un gin tonic. No tenía. Ah, buéh. Pedí un Gancia batido, y le puso creo que granadina. Original, la receta.
Me encararon las dos negras, de forma abrumadora, así como me rompe las pelotas. Y como pelotas rebotaron.
La negrita re-trola se levantó. Estaba en shorts y sus largas piernas eran de chica joven. Me gustó. De cara, no mucho. Pero estuvo en el salón medio minuto. No sé si se fue al baño o a garchar. No la vi más.
Lo único que me restaba por hacer era terminar mi trago, pero entonces sucedió algo gracioso.
De la otra punta del salón se mandó un enorme cacique con camisa roja estampada. Tenía una mamúa de bicentenario. Se acercó a la barra donde yo estaba. Mal encarado, medio empujó a un par de chabones, que se corrieron viendo que el cacique estaba chupado. Pero éste, como Pancho por su puterío, tomó los vasos de los chabones, los observó (a los vasos), luego tomó la botella de cerveza y amagó a servirse. Ahí saltó uno, y tomando a su vez la botella, comenzaron a forcejear. "Es mía", decía el cacique. "Que no", decía el flaco, quien tomándome por personal de seguridad, me miraba implorante. Se acercó el barman, se acercaron los amigos del flaco que estaban jugando al pool y se acercó el verdadero guardia de seguridad. Con este último acercamiento, el cacique resignó la cerveza y de un empujón lo invitaron a irse.
Diez minutos después, cuando salí, no había podido recorrer ni media cuadra.
Ni pregunté el arancel de las minas. Como se desprende del relato, no tenía el menor interés de saberlo.
Pero me llama la atención que abra a la tarde. ¿Será que de día están las chicas más digeribles y luego quedan los cachivaches? No digan que no soy optimista.
Quién sabe; tal vez una tarde calurosa suba a tomar una birra.